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TESTIMONIOS
DE ENFERMOS ALCOHÓLICOS
El caso de Laura
Aunque en Alcohólicos
Anónimos hay
muy poca presencia de jóvenes, porque es muy
difícil identificar y reconocer el
problema en edades tempranas, Laura, barcelonesa adicta desde los 13
años y
miembro de la organización desde los 25, aseguró
a que fue «una suerte percibir
tan rápido» la degradación
«brutal» a la que le había llevado el
consumo del
alcohol, unido al de otro tipo de sustancias como cocaína.
Laura, que empezó a beber los fines de semana con su grupo
de amigos, «para
sentir que hacíamos las mismas cosas que los
mayores», empezó a buscar a los 21
años «vías de escape» que
pudieran devolverle la esperanza para «sacar la
cabeza y sobrevivir», por lo que acudió primero a
comunidades terapéuticas y
centros de día de Barcelona.
Tras años de recaídas continúas, la
joven, que se describió como alcohólica
social, acudió a Alcohólicos Anónimos,
donde, según su testimonio, por primera
vez «la gente hablaba el mismo lenguaje y podías
sentirte identificado», un
método de trabajo con iguales que «se convierte en
la última esperanza de un
alcohólico y que es capaz de abrirle la puerta hacia una
vida normal». La ínter
actuación entre personas con las mismas experiencias, la
convicción de querer
dejarlo, de luchar por «recuperar la dignidad que el alcohol
te hace perder» y,
fundamentalmente, la seguridad de que nadie te exigirá que
no consumas, fueron
las claves en la recuperación de Laura, que lleva
más de 5 años sin beber.
indice
Laura

Jesús
T.
Soy enfermo
alcohólico y me llamo Jesús T.
A modo de presentacion os envio mi resumido historial
Tuve mi primer contacto con A.A. en un Grupo de Ourense,
España
donde inicie mi nueva vida, mis Compañeros me ayudaron a
dejar el alcohol, sin traumas, ni sufrimientos.
Ofreciéndome las herramientas necesarias para enfrentarme a
la
vida sin tener que recurrir al alcohol, ni a ningún tipo de
fármacos u otro tipo de sustancias.
Inicie mi contacto con el alcohol a la edad de 14 años, el
inseparable compañero de viaje, me sirvió en un
principio, para superar mi timidez, desinhibirme, de mis complejos,
miedos, siendo el alcohol , el amigo fiel, que me ayudaba a sostenerme
en el día a día.
En su momento, y al principio, lograba controlar, mi forma de beber,
quemando, distintas etapas , el alcohol se introdujo en mi vida.
Bebía , por todo y por nada ,sin causa que lo justificase;
En
situaciones fuera de lo cotidiano, que me proponía
mantenerme
sereno, era cuando, sin saber porque, me sentía nervioso,
intranquilo , apuraba esa primera copa, con el simple afán
de
relajarme; automáticamente se desencadenaba en mi, esa
transformación, de sentirme Bien, ese puntillo de la primera
copa, segunda,
…………. Pero el
problema
es que ya no podía parar, de beber.
A medida que transcurrían los años, tuve
innumerables intentos para dejar de beber.
Acudí a Centros, Médicos,
Psicólogos
……….etc. lo intente solo, por mis
propios medios
(Nunca tuve la intención de dejar de beber, solo de
controlar
,la forma de beber) usaba “ Trucos” para
dejar de
beber, antagonistas del alcohol, tranquilizantes, no llevar dinero,
intentar entretener mi tiempo libre, con trabajos manuales no
frecuentar a las personas con las cuales bebía; De todo,
pero no
lo conseguí, pasaba días, meses, sin tocar el
alcohol,
por la mínima contrariedad bebía, en mi fuero
interno, el
tomar “la primera copa” y así
seguir, hasta
que no podía mas, llego el no recordar lo que
había hecho
el día anterior , lo que había dicho ( Lagunas
mentales )
Aparecieron enfermedades cardio-vasculares, el vivir utilizando
fármacos, sin control, los antiácidos, siempre a
mano
bueno, el pasar por la vida sin enterarme, de nada.
La vida familiar , se deterioro de tal manera, que me sentía
un
mueble, viví épocas de mi vida , intentando
controlar ,
la forma de beber , sufriendo , por la copa que no bebía
,
trabajando sin sentido, confiando en quien no debía, me
engañaron, manipularon
……….pero lo mas
difícil para mi, fue la impotencia hacia el
alcohol, el
saber que, por mas que quisiera , yo solo no podía dejarlo.
El Poder Superior y los compañeros , me
ayudaron a
solucionar mi “PROBLEMA” solo por hoy , iniciando
la
andadura de una nueva vida, disfrutando lo que siempre tuve y no me
entere, deje de crear problemas a mis seres
queridos…….renací a una vida nueva,
sin alcohol
Asisto a reuniones en Orense al grupo de A.A. en el cual los
Compañeros me están ayudando, para poder
vivir el
día, a día lo que yo solo, no
lo
conseguiría.
Hoy y solo por Hoy no he bebido.
Compartiendo experiencias, es como logre dejar de beber, Solo por hoy,
así de sencillo.
Un saludo, y felices 24 Horas
indice
Jesús
T.

Paco
Delgado
"300 años
de sobriedad"
Envío de todo corazón los
recuerdos de mi pasado aniversario y
que le escribí a mi amigo y compañero
Jesús T. del Grupo
Orense de España y que me emociono
mucho escribirlos, Francisco
D.
Querido Jesús:
el 29 de
octubre P.P. celebre’
mis 33 años en
A.A. y fue una junta inolvidable para mi y para mis
compañeros, me coordino la
junta Paulino
D. y te
cuento la historia de A.A. aquí en la ciudad de
León Guanajuato, el primer A.A.
fue Nicolás
en
octubre de 1964, el segundo Fito en
diciembre del mismo año y Paulino en junio
de 1965, bien pues el mensaje lo trajo un compañero de la
vecina ciudad de San
Francisco del Rincón
y la forma de desenvolverse los
compañeros muy diferente, el primero muy
tímido, el segundo con mucho dinero, lo conozco bien, pues
en ese entonces era
novia mía su hermana, que a la postre me case con ella en
1967, y el
tercero Paulino,
con un
enamoramiento
del programa y un ángel tan grande que
puedo decir que el fue el
principal promotor de A.A. en esos inicios, era un hombre muy alto y
delgado,
parecido a nuestro Presidente Fox,
con una voz potente y de una personalidad
arrolladora,
me acompañaron otros cuatro con mas años que yo,
en fin entre los seis
pasábamos de 200 años, que aunados con cuatro
compañeros de mas de 25 años,
era que 10 compañeros teníamos mas de 300
AÑOS de sobriedad, y fueron pasando
según pidieron la tribuna y al final paso mi mujer y al
ultimo pase yo, muy
emocionado pues agradecí la asistencia de todos, inclusive
de un amigo
compañero que vino desde la ciudad de México a la
junta y luego se regreso,
tomando en cuenta que se hacen 5 horas de venida y 5 de regreso…
De lo que recuerdo que
platique fue cuando tenia 18 años año 1960 y que
en una ocasión iba con mi
padre en el automóvil, iba manejando el y yo de lado
derecho, y al llegar a una
esquina vimos a cuatro pordioseros y como se paro en el cruce, se
acerco uno
por mi lado queriendo dirigirse o hablarle a mi papa, pero no
podía inclusive
cayo en el cofre del lado mío y me llego el olor
fétido de orines y suciedad,
su cara quedo en el vidrio y vi su cara enfrente de la mía,
la barba y bigote
llenos de pedazos de comida, los ojos rojos, y en cuanto se enderezo mi
padre
arranco, le dije "papa, te quería decir algo, mira se quedo
a media calle
gesticulando, vociferando sin poder decir palabra, ¿lo
conoces?" me
contesto, "soy su padrino de bautizo, se va a morir pronto y no puedo
hacer nada", posteriormente en 1969 vino un hombre a mi fabrica y
me hablo de A.A. y si creía me pudiera servir y le
conteste que a mi no,
pero que tenia un obrero muy bueno para trabajar pero muy
borracho
y me
pidió que hiciera algo por el y le prometí
llevarlo ese mismo día al grupo de
A.A. que me indico y al día siguiente regresó y
le conté que lo había llevado y
me pregunto que como me había parecido a mi la junta y le
dije "como, si
únicamente lo lleve y lo deje en la puerta y me fui
a mi casa" con el tiempo
llego a mi primera junta en Tijuana, Baja California al Grupo
Renacimiento un
lunes 29 de octubre de 1973,
ciudad donde
me hice alcohólico y luego alcohólico
anónimo, una ciudad a 2,500
kilómetros
de aquí
y ya militando en A.A. regreso a
León queriendo recuperar a mi
familia pero me fue imposible y como sufría mucho me fui a
vivir a Guadalajara
Jalisco, ciudad a 240 km.
de León y
un día conocí al primer A.A.
de Jalisco Tanilo
y como
me gusta platicar con los que saben (y jugar con los que traen) me hice
su
amigo, pasaron mas de dos años que íbamos seguido
a reuniones y un día dijo
algo de León Guanajuato y me voltea a ver y me dice
"tu eras" y
yo le contesto "tu fuiste" nos habíamos reconocido, me
platico que mi
cuñado Fito
le había
pagado transporte, hotel y comidas para que fuera a pasarme el mensaje
y que
lejos de aceptarlo le presumí un caballo pura sangre que
había comprado en el
Hipódromo de las Américas de la ciudad de
México, en ese tiempo tenia siete
caballos, y en otra ocasión llegaron a mi
Grupo Tapatio en Guadalajara
año 1976 dos hombres que eran de León y
me dio gusto verlos tan prósperos
pues fabricaban chamarras y bolsas de piel y acababan de
comprar una
camioneta ultimo modelo y esa noche los invite a cenar a mi
casa y
nos
quedamos platicando de A.A. hasta que amaneció y eran las 8
de la mañana y les
dije "disculpen pero tengo que abrir la fabrica, que ya tenia
en ese
entonces y al despedirnos me dice ¿como te llamas? y le
contesto Francisco
Delgado, y me dice "te llamas igual que un hombre que quise mucho pero
que ya murió el
se llamaba Juan
Francisco Delgado y le dije era mi padre y me contesto "era mi padrino
de
bautizo"
inmediatamente
recordé donde y en que condiciones lo había
visto, dime
Jesús si no es esto un milagro, cuantos si no fuera
por A.A. estaríamos
muertos, bueno disculpa la colgada y toma la tribuna,
sigues.........
indice

Pakiyo de Ceuta
ANIVERSARIO
Hola,
me llamo Paco y
soy alcohólico. El próximo día 17 de
mayo de 2007 cumplo mi segundo
aniversario de mi regreso
a mi grupo
Renacer de AA (Ceuta).
Me explico:
Ingresé en AA en junio del año
1990 aconsejado por mi esposa y por mi jefe de trabajo. El primero en
hablarme
sobre el Grupo fue el compañero Pepe, que me
visitó en casa y me trajo un libro
sobre alcoholismo (no de AA). La verdad que a este compañero
(ya fallecido) no
le hice mucho caso y yo seguí con la copa,
prometiéndole a mi esposa que ya
iría al Grupo. Mi malestar crecía y mi esposa
pidió ayuda, a instancia mía, y
vinieron dos compañeros, Paco C (aun en el Grupo) y
Fernando. Los tomé en serio
y un sábado, a pesar de que no era día de
reunión, se hizo una expresamente
para mí. Me impactó bastante porque vi conocidos
míos que no podía imaginar que
fueran alcohólicos. (Antonio A, Cayetano… entre
otros). Empezaron a hablarme y,
enseguida me identifiqué como un alcohólico
más.
Antes de ir
al Grupo necesité tratamiento
médico, psiquiatra, y entre los fármaco que me
mandó había unas pastillas que
me hacía cambiar el ánimo, ansiawas = dapaz, no
olvidaré nunca, y a ella me
enganché. No bebía pero estaba
“drogado”. Me tomaba las pastillas como
caramelos.
Así
estuve hasta mediado del año 1999 en que
dejé de aparecer por el Grupo. Al poco tiempo
volví a beber. En realidad no
había dejado de beber, porque dejar de beber sólo
se deja una vez. Sólo tapé la
botella y sustituí el alcohol por los psicotropos.
Empecé
con cervezas sin alcohol, después con
alcohol. Podía dominarlas, solo me tomaba un par de ellas al
día. Después de un
tiempo, tres… cuatro…
seis……… todas las que vinieran.
Después
whisky. Esto ya me hizo que no pudiera
con mi alma, ya no podía resistir ni trabajo ni nada. Me
aconsejaron a coger la
baja y que me repusiera, pues me veían bastante mal.
Dejé
de acudir al Grupo porque, entre otras
cosas, me creí “curado”,
¡qué gran error!, ¡qué gran
equivocación!
Espero que
Dios me ilumine y me dé
discernimiento para no caer en la misma TRAMPA DEL ALCOHOL y pertenecer
por el
resto de mis días en la Comunidad
de AA. Si es en el Grupo Renacer de Ceuta, mucho
que mejor, es señal de que el Grupo sigue funcionando.
Eso
sí, esta mala experiencia me ha servido
para fortalecerme y asegurarme de que soy, sin dudarlo. un
alcohólico.
Un abrazo y
Feliz 24 horas a todos.
indice
Pakiyo de Ceuta

EL
DÍA DE LOS INOCENTES

Aquella
mañana hacía un
poco de frío por causa de viento de poniente que soplaba en
el Estrecho.
Sentado cómodamente, mi trabajo se presentaba
monótono. No obstante aquel día
28 de Diciembre de 1.976 iba a quedar marcado en mi vida.
Tendrían que
transcurrir 9 años, para que aquel suceso, que se
había convertido en una
pesadilla, dejara de atormentarme y una paz benefactora inundara mi
espíritu;
fue cuando le conté a otra persona la historia que os voy a
relatar. Una
historia que no era más que un capítulo en mi
carrera alcohólica.
“Era
aproximadamente las
10 de la mañana cuando mi madre se presentó en el
trabajo. Venía llorando, e
inmediatamente supe que alguna tragedia había ocurrido. No
tuvo que decirme
nada para que supiera que mi padre había muerto. Estaba
pasando las Navidades
en un pueblecito de la Provincia de Barcelona y
allí se quedó.
Para
mi madre él era el
marido separado, el hombre que la había abandonado. Para
mí el padre que
durante muchos años me estuvo dando todos los caprichos a su
alcance. No
existían vínculos, no había
comunicación. Éramos dos extraños
unidos por los
lazos de la sangre.
Yo
trabajaba en una
importante empresa de venta de automóviles propiedad de unos
primos, ellos
fueron los que se encargaron de organizar y financiar mi desplazamiento
a
Barcelona. En el aeropuerto un familiar me llevaría hasta el
pueblecito donde
mi padre había muerto esa mañana.
Recuerdo
que el largo y
accidentado viaje lo hice en un estado de fría indiferencia.
No me importaba
que fuera la primera vez en mi vida que me montaba en un
avión. Si hubiera
podido eludir la responsabilidad de asistir al sepelio, no lo
habría dudado un
solo instante. Siempre sentí un miedo terrorífico
a que mi padre, que llevaba
años enfermo de los pulmones, muriese en mi presencia.
Así que de alguna forma
le daba gracias a Dios por no permitir que ocurriera de esa forma.
Cuando
por fin a las 12
de la noche llegué al Aeropuerto del Prat, mi primo Pepe me
estaba esperando.
Mi padre había muerto en su domicilio. En el camino hasta el
pueblecito apenas
cambiamos algunas palabras. No tenía la menor duda de que
él se encontraba más
afectado. Ellos siempre se entendieron muy bien. Cuando llegamos a su
casa
fuimos donde mi
padre se encontraba,
concretamente en su dormitorio en la cama de matrimonio.
Sólo tuve valor para
entreabrir la puerta y mirar un instante, no fui capaz de hacer nada
más, tenía
un mido tremendo; estaba deseando que aquello terminara.
Mis
tíos que habían
llegado de Zaragoza estaban allí, el encuentro fue
frío y protocolario, entre
nosotros no existía ninguna conexión. Sus miradas
fueron de reproche y algo así
como “ya estarás contento” vino a
aposentarse en lo más profundo de mí ser. Me
hablaron del entierro y de toda la parafernalia que ello conlleva. Yo
tenía que
realizar todos estos trámites, mi presencia era
imprescindible. Aquello empezó
a gustarme más, era el eje el protagonista y ese
había sido siempre el papel de
mi vida.
A
la mañana siguiente
llamé muy temprano a mi primo para pedirle que me enviase
urgente dinero para
poder realizar todos los trámites. A las 10 ya
tenía en mi poder el suficiente
dinero, así que hacia las 12,30 mi
padre fue conducido al cementerio del pueblo donde
recibió sepultura. Mi misión había
concluido, estaba satisfecho, todo era mío y
no le debía nada a mi
familia. Así que
nada más terminar mis tíos se marcharon para
Zaragoza y me quedé con mi primo
Pepe que me dijo que me quedase a descansar ese día.
Pero
mis planes eran
otros, quería marcharme y olvidarlo todo. Tomamos unas
cervezas en un bar
cercano al cementerio y luego me llevó al aeropuerto.
Mientras esperábamos el
avión que me llevaría a Madrid estuvimos
bebiendo, así que cuando embarqué ya
iba bastante ebrio y me quedé dormido ene. Avión,
no desperté hasta que
llegamos a Madrid.
Mi
intención era coger
un vuelo que me llevaría a Málaga, pero no era
posible hasta las 7 de la mañana
del día siguiente.
El
destino me tenía
reservada una sorpresa.
Que
iba hacer durante
todo ese tiempo, no iba a estar en el Aeropuerto esperando.
Pensé que una copa
me ayudaría a pensar mejor. Disponía de
suficiente dinero. Después de tomar un
par de copas decidí marcharme
a Madrid,
alojarme en un buen hotel y descansar. Estuve en las
mismísimas puertas del
Hotel Princesa, pero el miedo, en este caso mi aliado, me hizo
desistir; así
que me alojé en un hotel más modesto cuyo nombre
ni recuerdo. Bebí dos o tres
copas de coñac y salí dispuesto a conquistar
Madrid.
Estaba
tan cargado de
alcohol que no le daba importancia a mi maltrecho pie derecho,
escayolado a
consecuencia de una caída que sufrí
días antes de la muerte de mi padre
presenciando un encuentro de fútbol en el Puerto de Sta.
María. Era el pago de
otra de mis borracheras.
Pensé
que una buena cena
no me vendría mal. Después de dar muchas vueltas
por Madrid y no decidirme por
ningún restaurante, volví al hotel donde
pedí una abundante cena que apenas
caté. Sentado frente al televisor con una copa de
coñac en mis manos me sentía
satisfecho, había cumplido con mí deber y no
existía motivos para preocuparme.
Sin
saber cómo ni por
qué me encontré en una gran sala con un gran
escenario, una botella de champán
metida en un cubo dos copas y una chica me acompañaba.
¿Dónde estaba?, no tardé
en enterarme de que el local era el Biombo Chino, la juerga por lo
visto
tremenda y sólo conservo pinceladas de la misma. Nuevamente
llega la conciencia
y esta vez estoy en una pequeña sala semi-oscura, junto a
mí otra mujer y una
gran copa de coñac. Vuelvo a perder la conciencia y cuando
nuevamente despierto
es otra sala un mostrador y mi inseparable copa de coñac, la
mujer había
desaparecido. Nuevamente vuelve hacerse el vacío en mi
mente. Despierto con un
frío horrible, el miedote invade y un sudor frío
me empapa. ¿Dónde estoy?, tardo
en concentrarme, la cama de mi habitación del hotel se
encuentra totalmente
empapada de sudor y orina. El miedo me hace saltar de la cama, que
hacer!, no
llevo nada más que lo puesto y esta empapado, entro en el
cuarto de baño y tal
como estoy abro la ducha y dejo correr el agua sobre mí, el
miedo ha desplazado
de alguna forma a la borrachera, pasa a un segundo plano. Tengo que
salir lo
más rápido posible del hotel, la imagen que se
refleja en el espejo me asusta
aún más. No reimporta mi pierna escayolada mojad,
trato de quitar la mayor
parte posible de agua de mis ropas, pero aún así
estoy empapado y en Diciembre
y en Madrid.
Me
pregunto que hora
sería, no encuentro el reloj y tengo que salir del hotel.
Dios mío! Que había
sucedido, tengo que marcharme, pero a donde, entonces me acuerdo de el
avión
Málaga, y los recuerdos primeros empiezan a bombardear mi
mente.
Con
un pánico terrible
bajo a recepción del hotel, mi aspecto es deplorable, en
ascensor busco la
cartera en ella hay 5000ptas pero ni rastro del DNI. El recepcionista,
hombre
mayor, me mira comprendiendo el terrible drama, pone el DNI sobre el
mostrador
y le pago lo que se debía. Más que pedir le exijo
que pida un taxi, tenía que
salir de allí!, que hora es, las 6 de la mañana,
el avión sale a las siete, me
queda una hora. El taxi reconduce al aeropuerto, el miedo los
resentimientos y
no se cuantos dragones más me acompañan la
angustia es terrible, tengo unos
deseos de beber enormes, debía serenarme y yo bien
sabía como hacerlo. Veo la
luz de un bar a lo lejos en la carretera, con la excusa de comprar
tabaco le
pido al taxista que pare un momento. Entro en el bar y me bebo de un
tirón
cuatro copas de coñac y compro un paquete de tabaco. Llego
con quince minutos
para coger el avión en el camino la escayola la he tenido
que tirar.
Me
encuentro más
tranquilo después de haber tomado esas copas y en el
avión me encuentro mejor,
miro a través de la ventanilla y solo veo nubes. Los
remordimientos me
atormentan y no paro de preguntarme que…..me
había ocurrido. Pienso que sería
buena cosa que se estrellara el maldito avión.
Intenté consolarme pensando que
todo había ocurrido a tantos kms de casa, nadie
tenía por qué enterarse. Pero y
si un día se presentaba la policía en mi casa,
Dios mío… iba a estallar en mil
pedazos.
El
aíre fresco y el tan
familiar olor a mar me devolvieron a la realidad. Corrí al
parking del
aeropuerto e intenté poner en marcha el coche,
maldición.., no tenía batería me
había dejado las luces puestas. Por fin con la ayuda de
varias personas logro
ponerlo en marcha. Salgo de Málaga como alma que persigue el
diablo. Algo más
tranquilo en carretera comienzo a trazar un plan, tenia que
justificarme, pero
ante quién. Aquellas malditas copas de coñac y el
estomago vacío me habían
jugado una mala pasada, como se me ocurrió beber
así. Lanzo un juramento, Señor
te prometo que no volverá a suceder.
Así
todo comienza a ir
mejor, un buen desayuno me ayudaría a recorrer los 120km que
me separaban de mi
casa. Paro en una gasolinera muy conocida por mí. Antes de
darme cuenta ya
estaba bebiéndome una copa de coñac, al diablo
con la promesa…!
No
se cuantas veces pare
hasta llegar a Algeciras, pero cuando llegue iba otra vez ebrio. En el
barco
unas cuantas cervezas me colocaron en un estado de semi-inconsciencia,
donde
los remordimientos, la culpa y todo lo demás estaban
atenuados, incluso había
olvidado que mi padre había muerto.
El
engañar a los míos no
fue tarea difícil, era un consumado actor y el adoptar el
papel del hijo
derrotado y cansado no fue difícil de interpretar.
Ante
mí quedaban 9 años
de sufrimientos, angustias, temores y remordimientos, temiendo que
algún día me
reconocieran y se diera a conocer la historia de
aquel 29 de Diciembre.
Ante
mí quedaban días y
días intentando ahogar en la botella el monstruo de la culpa
y el remordimiento
que estaban devorando lentamente mi vida y mi razón.
Ante
mí quedaba el
despido, el abandono de mi familia, la muerte de mi madre, la lucha en
el
infierno de mi alcoholismo, el descenso en el pozo del cual no se sale.
Tendrían
que ocurrir
tantas y tantas cosas antes de conocer a los Alcohólicos
Anónimos……..pero bueno
esa es otra historia que otro día os contaré.
Con
gratitud
indice
Antonio el Africano

Se
encuentran dos
alcohólicos.

Bill le
había llamado a Henrietta
Seiberling como resultado de su propia
desesperación cuando, después de pasearse
nerviosamente de un lado a otro del
vestíbulo del Hotel Mayflower, situado en la calle South
Main en el centro de
Akron, se dio cuenta súbitamente que necesitaba hablar con
otro borracho con
objeto de que él mismo se conservara sin beber.
El Mayflower,
con su lucidora fachada de Art
Deco, era
prácticamente nuevo…el mejor
hotel, el más moderno de Akron. Y en la noche del
sábado, la gente fue de
compras al centro de la ciudad, quizá cenó en un
restaurant y se fue a algún
cine. En el Rialto se estaba proyectando “Roberta”
con Ginger Roges
y Fred Astaire, y
en otro cine “G-Men” con James Cagney.
Esa noche
había un aire festivo en el
vestíbulo del Mayflower, con la calidez y las risas
tentadoras que Bill
recordaba que venían del bar. Probablemente el bar estaba
inusitadamente lleno
y se estaban efectuando muchas fiestas privadas en los apartamentos del
hotel,
ya que estaban llegando los invitados al Baile de Mayo que anualmente
daba la
hermandad del Hospital Santo Tomás. Pudo haber estado
ahí la hermana Ignacia,
además del joven doctor Tom Scuderi. Como miembro del
personal de cortesía, el
Dr. Bob, también, podría
muy bien haber
aparecido por ahí, si no hubiera estado tomando. En vez de
unirse al holgorio
del bar “Bill obtuvo la guía de buscar en el
Directorio de Ministros que estaba
en el vestíbulo”, dijo Henrietta.
“Y
sucedió una cosa extraña. Apenas miró
ahí,
puso su dedo en un nombre: Dr. Walter Tunks.
Así
que Bill llamó al Dr. Tunks, y el Dr.
Tunks le dio una lista de personas. Una de ellas era Norman Sheppard,
que era
un íntimo amigo mío y sabía lo que yo
estaba intentando hacer por el Dr. Bob.
Norman le dijo a Bill: “Tengo que ir a Nueva York esta noche,
pero llame a
Henrietta Seiberling. Ella se ocupará de usted.
Tal como Bill
lo describió, primero llamó a
nueve de las personas en la lista de diez, el de Henrietta era el
último. Bill
recordó haber conocido una vez a un Sr. Seiberling, anterior
presidente de la Goodyear Tire and
Rubber Company, suponiendo que ésta era su esposa, y no
podía hacerse el ánimo
de llamarla con una súplica así:
“Pero”, recordó Bill, “algo me
decía
continuamente: Mejor llámala”.
Ya que ella
había tenido la oportunidad de
enfrentar y trascender otras calamidades, ciertamente que me
entendió: dijo
Bill. “Ella se iba a convertir en un eslabón vital
para que sucedieran aquellos
fantásticos acontecimientos que estaban a punto de
conjuntarse para el
nacimiento y desarrollo de nuestra Sociedad de A.A. De todas las
personas cuyo
nombre me había dado
el servicial
párroco, ella fue la única que se tomó
el interés suficiente; quisiera hacerle
patente aquí nuestra gratitud perpetua”,
concluyó Bill.
Por supuesto
Henrietta no era la esposa del
presidente de la compañía hulera, sino su nuera,
y vivía en una residencia
anexa a la propiedad de los Siberling en Portage Path, a corta
distancia de la
casa de los Smith.
Henrietta
intentó llevar a su casa a Bob y a
Anne ese sábado. ¿Podrían venir a ver
a un amigo de ella, un alcohólico sobrio,
que podría ayudar a Bob con su problema de bebida?
En ese momento
Bob estaba sin sentido en el
piso de arriba, después de haber llevado a casa una gran
planta por ser el Día
de las Madres, poniéndola sobre la mesa de la cocina y
cayendo al suelo
inconsciente. Todo lo que Anne y sus hijos pudieron hacer fue llevarlo
escaleras arriba.
Al principio
meramente dijo que creía que les
sería imposible ir ese día, pero como
recordó el Dr. Bob: “Henri era muy
persistente, una persona muy decidida, dijo: “Oh,
sí, vengan: sé que a Bob le
será muy útil”.
Aún
así, Anne no pensó que fuera muy prudente
ir ese día” continuó el Dr. Bob.
“Finalmente, Henri insistió un grado tal que
Anne tuvo que decirle que yo estaba pasado y fuera de toda capacidad de
escuchar cualquier conversación, y que sencillamente la
visita tenía que ser
pospuesta”. El domingo Henrietta llamó otra vez a
los Smith. “¿Está Bob en
condiciones de venir hoy?”.
“No
recuerdo alguna vez en que me haya
sentido tan mal, pero me simpatizaba mucho Henri y Anne
había dicho que
iríamos”, prosiguió Bob.
“Así que salimos de la casa. En el camino, le
arranqué
a Anne la solemne promesa de que lo máximo que
estaríamos tratando este asunto
serían 15 minutos, yo no quería hablar con este
embaucador ni con ningún otro,
y lo dejaríamos prácticamente con la palabra en
la boca, dije. Ahora estos son
los hechos reales: Llegamos a las cinco y eran las 11.15 cuando nos
fuimos”.
Smitty
recordó que aunque su padre estaba muy
nervioso, no había bebido cuando se fueron en el coche a
casa de Henrietta a
conocer a este individuo que podría ayudarlo.
“Por
supuesto que yo no estuve en esa
reunión, ya que entonces era un muchacho y mamá
quería que papá se abriera ante
Bill, así que no sé lo que ahí
sucedió, aunque recuerdo que Bill se vino a
vivir a nuestra casa poco después”.
Describiendo
este encuentro con el hombre
“que iba a ser mi socio…el maravilloso amigo con
el que nunca tendría yo una
palabra dura”, dijo Bill, “Bob no tenía
mucho el aspecto de ser un fundador;
temblaba mucho y con gran inquietud nos dijo que sólo
podría quedarse 15
minutos.
Aunque
avergonzado, se animó un poco cuando
le dije que yo cría que él necesitaba un trago.
Después de la cena, que no
probó, Henrietta nos apartó discretamente a su
pequeña biblioteca y ahí
hablamos Bob y yo hasta las 11 de la noche.
¿Qué
sucedió realmente entre los dos hombres?
Una de las versiones más breves y más
interesantes la dio el antiguo compañero
de clase del Dr. Bob, Arba J. Irvin, quien cuando menos le dio el
debido
reconocimiento a lo que iba a convertirse en la bebida
“oficial” de A.A. -
el café -
que entonces se venía a 15 centavos
de dólar la libra.
“…Y
así se reunieron y empezaron a hablar
acerca de ayudarse el uno al otro y ayudar a los hombres con problemas
similares. Salieron hasta los suburbios más bajos de la
ciudad y reunieron a un
grupo de borrachos, y comenzaron a hablarles bebiendo café.
La esposa de Bob me
dijo que nunca había preparado tanto café como lo
hizo en las dos semanas
siguientes. Y ahí permanecieron bebiendo café e
iniciando este grupo de
ayudarse unos a otros, y esa fue la forma en que A.A. se
desarrolló”.
Esto es verdad;
pero tal como lo sabemos hubo
mucho más que eso. (Así, sería algo
como conservarla demasiado
sencilla). Durante años un cierto número de
personas
habían estado poniendo a Bob en buena
disposición: el Grupo Oxford tenía un
“programa” y Henrietta le había dicho:
“No debes tomar una gota de alcohol”.
Evidentemente Bill le llevó algo nuevo: él mismo.
¿Qué
le dijo al Dr. Bob que todavía no se
había dicho? ¿Qué tan importantes
fueron esas palabras? ¿Qué tan importantes
comparadas con el hecho de que era un alcohólico
hablándole a otro? Nadie lo
puede decir con precisión. En realidad, ellos mismos, el Dr.
Bob y Bill,
pusieron énfasis ligeramente diferentes sobre los factores
que estaban ahí
involucrados.
En
“A.A. Llega a la Mayoría de
Edad, escrito
unos 20 años después, cuando ya Bill
había analizado el acontecimiento a la luz
de la experiencia subsiguiente, dijo que “el se
había ido con prudencia
respecto a lo deslumbrante de la experiencia religiosa”.
Primero le habló
acerca de su propio caso hasta que Bob “obtuvo una buena
identificación
conmigo”; luego, tal como el Dr. William Dr. Silkworth le
había precisado, le
había volcado los aspectos físicos de la
enfermedad, “el veredicto de una
destrucción inevitable”. Esto, sintió
Bill, produjo en el Dr. Bob un desinfle
del ego que “lo lanzó dentro de una nueva
vida”.
Al describir su
plática como “algo
completamente mutuo”.
Bill dijo: “Yo
había dejado de predicar; sabía que necesitaba a
este alcohólico tanto como él
me necesitaba a mí, y eso fue todo. Este mutuo dar-y-tomar
está hoy en el corazón
mismo de todo trabajo del Duodécimo Paso de A.A.”
Texto
tomado
del Capítulo VI del Libro “El Dr. Bob y los Buenos
Veteranos”.

Lo
que oí me hizo ver la verdad que buscaba
De Channelview, Tejas:
Llegué a Alcohólicos Anónimos
a la edad de 23 años, no de
buena gana sino porque los problemas me acorralaban cada vez
más. Los
problemas no eran tanto monetarios, ni físicos, sino
mentales y emocionales.
Mi
padre tomaba, pero no lo vi tomar mucho porque él se
ausentaba por largos
períodos de casa. Mi madre tenía que trabajar y
la mayor parte del tiempo nos
cuidaban las niñeras. Yo tenía once
años cuando mis padres se divorciaron a causa
de la forma de beber de mi padre. Recuerdo que mi madre nos
preguntó con quién
nos queríamos quedar, si con nuestro padre o con ella. Mis
dos hermanas y mi
hermano menor dijeron que con ella, pero yo escogí a mi
papá. Mi madre se sentó
a hablarme y me explicó el daño que le
hacía la bebida a mi padre y como él le
iba a hacer más caso al alcohol que a mí. Para mi
fue duro tomar esa decisión y
sobre todo dejar de admirar a ese ídolo que era mi padre.
Puse los pies sobre
la tierra y juré nunca ser como él.
A
los catorce años hice contacto con el alcohol por
presión de mis amigos. A la
semana de haber bebido me presionaron a fumar y a usar drogas.
Sentía que mis
amigos me aceptaban y hasta me sentía más maduro.
El alcohol me daba valor para
hablar con las muchachas, ya que sin el licor era muy
tímido. Tanto me gustó el
efecto del alcohol que para mis quince años
empecé a tener lapsos que duraban
horas enteras. Me preocupaba un poco, pero después
me calmaba cuando me decían
que había hecho payasadas y que todo había estado
bien. Empecé a creer que
controlaba la bebida.
A
los 16 años me junté con una muchacha y me
creí mayor de edad. Mi alcoholismo
fue progresando y empecé a usar drogas más
fuertes, según yo para controlar mi
forma de beber. En el transcurso de tres años le di a esa
muchacha una vida muy
desagradable. La maltraté física y
emocionalmente. Al separamos la dejé con un
niño de dos meses, y me junté con otra muchacha a
las dos semanas. Me sentía
tan chiflado que llegué a pensar que tenía el
mundo a mis pies.
Para
ese entonces me fui dando cuenta que me estaba volviendo adicto a las
drogas y
me espantó mi conducta. Dejé las drogas una por
una. Me sentía con una gran
fuerza de voluntad, muy superior a los demás por haber
dejado las drogas y el cigarrillo.
Pero cuando intenté dejar el alcohol, mi fuerza de
voluntad no fue suficiente.
Lo que más duré sin beber fueron treinta
días. Eso me puso a pensar en mi
problema.
Contraje
matrimonio con otra muchacha, buscando un cambio. Encargamos un hijo y
me metí
al servicio militar. Pero caí en cuenta que el problema no
era tanto el lugar
en que vivía, ni las personas con las que me juntaba, sino
yo. Los últimos años
tomaba entre cinco y seis días a la semana. Durante el
día era un marinero
ejemplar y de noche un borracho sin riendas. Al acabar el servicio
militar
todos en mi familia se sentían orgullosos de
mí, pero me sentía bien vacío por
dentro. Llegué a hablar con mi esposa de una
separación, ya que no me aguantaba
ni a mi mismo. El servicio militar nos mantenía alejados y
todo era como un
noviazgo, pero ya una vez en la casa buscaba cualquier
pretexto para tomar. Y
lo que más me molestaba de toda la situación era
que estaba haciendo lo que
juré nunca hacer - era igual que mi padre.
Me
enteré que a mi hermano le habían exigido, por
orden judicial, asistir a las
reuniones de Alcohólicos
Anónimos.
Me comentó que tenía tres meses sin
beber alcohol, y que estaba en un programa
de recuperación. Eso me llenó de gusto y de
orgullo, saber que se esforzaba
por su bienestar. Me invitó a una reunión y me
dijo que abriera la mente. Lo
que oí esas primeras noches me conmovió y me hizo
ver la verdad que andaba
buscando. Acepté que era alcohólico.
Refugio
A.
Artículo
de “La Viña” de
mayo-junio de l999.
Publicado
en Proyecto-Mail el
10-05-07.
Aportado por Leo Carrasco
indice

Dejé Entrar el Aire y la Luz del Sol
legué a Alcohólicos
Anónimos joven pero llena de secretos
y
enferma del alma. Hoy día, en mi edad madura, ya no guardo
secretos y mi alma
está más saludable que nunca. Soy más
libre, más generosa y, a diferencia de
mis días de borracha, puedo experimentar el amor, la
alegría y el asombro como
también las emociones más oscuras. Mientras que
todos los 12 Pasos de AA son
sugerencias, para mi recuperación en curso, el
Quinto Paso más que ningún otro
me ayuda a deshacerme de esos secretos que me agobian el alma.
Asistí
a mi primera reunión de AA con mi compañera de
esos años. Era mayor que yo y su
alcoholismo era más obvio. Cuando nuestro doctor le
recomendó AA, la acompañé
a una reunión porque, excepto cuando iba a
trabajar, y de aquellas ocasiones
en las que se desaparecía, hacíamos todo
juntas. Ahora me doy cuenta que no
confiaba en que ella iba a ir por si sola. Tampoco confiaba en
AA, y mi ignorancia
sobre el programa era total. ¿Cómo iban esas
personas a entenderla de la manera
que yo la comprendía?
La
primera reunión que escogimos al azar (!) fue una
reunión abierta. Me apresuré
a explicarle a los miembros del grupo que nos dieron la bienvenida que
mi
compañera era la que tenía el problema;
yo sólo estaba allí para
alentaría.
Me hablaron de Al-Anon pero también me dijeron que era
bienvenida a las
reuniones abiertas de AA. Aunque necesitaba mucho el programa
de Al-Anon,
fueron las reuniones abiertas de Alcohólicos
Anónimos las que me salvaron la vida.
Semanalmente
mi pareja y yo asistimos juntas a varias reuniones abiertas.
Continuamos
bebiendo, sin embargo, yo
tenía rabietas
y le daba palizas hasta dejarla inconsciente durante
nuestras peleas de
borracheras; algunas veces la dejaba en tan mal estado que al final de
la noche
terminábamos en la sala de urgencias de un hospital. Estos
arranques de ira, me
decía a mí misma, eran causados por su
alcoholismo. ¿Quién no iba a perder la
paciencia con un comportamiento tan detestable?
En
las reuniones de AA, escuchaba sólo para ver cómo
podría ayudar a mi pareja a
dejar de beber, pero después de haber oído a
montones de alcohólicos contar sus
vidas, no pude seguir ignorando mi propia manera de beber. No
me consideraba a
mi misma como alcohólica - después de
todo, yo no estaba tan mal como ella -
pero sí caí en cuenta que beber socialmente no
resulta en lagunas mentales o
explosiones violentas o la necesidad de manejar con un ojo
cerrado para no
tener que ver dos rayas en la mitad del camino.
En
esa época, era reportera de periódico.
Escribía acerca de un condado rural
donde las votaciones todavía se hacían con
papeletas. Las noches de las
elecciones todos los reporteros que cubrían el
condado traían a la oficina del
registro civil comida y gaseosas para compartir mientras
esperábamos el conteo
de los votos y luego escribíamos nuestros
artículos.
Me
tomé mi último trago una noche de elecciones
cuando había decidido que mi
contribución seria una caja de cervezas. Nadie
más traía licor, ni nadie me
había sugerido que lo trajera. Cada vez que destapaba una
cerveza incitaba a
los demás a que me acompañaran, pero
ninguno aceptó la invitación,
explicándome que necesitaban estar alerta mientras
estuvieran trabajando. Con
actitud desafiante, me bebí otras cuantas cervezas, de
algún modo me las
ingenié para escribir mi reportaje, y conduje hasta casa sin
ningún incidente
- eso no era nada comparado a las dramáticas
batallas domésticas cuando estaba
borracha. No obstante, al día siguiente no fue
posible ignorar lo que había
sucedido: mientras mis colegas habían estado concentrados en
el trabajo, yo
había estado obsesionada con la cerveza.
¡AA había arruinado mi manera de
beber! Todavía no podía admitir que era
alcohólica, pero ahora dudo que podría
haber dejado de beber o permanecer sobria sin la ayuda que
recibía secretamente
al asistir como espectadora a las reuniones de AA.
Mi
compañera y yo finalmente nos separamos, y ya no
tenía motivos para asistir a
las reuniones de AA - o eso pensé yo. Me mudé a
la ciudad y me sentía abatida,
experimentando el dolor que causa la soledad - aunque lo
mantuve en secreto
aún de mí misma - pero también era
excesivamente tímida y tenía miedo de
conocer a otras personas. Unos cuantos tragos me
ayudarían, pensé, y a lo
mejor podría beber con moderación ahora
que podía identificar los síntomas
peligrosos. Afortunadamente, mi mejor amiga era una
alcohólica sobria a quien
había conocido en una reunión abierta.
Antes de que volviera a beber, con
tacto, ella me guió de nuevo hacia los salones de AA, y me
sugirió que si
escuchaba para ver cómo lo que decían me
incumbía tal vez en esta ocasión
podría descubrir que era una de ellas. Me dijo que el
único requisito para ser
miembro era el deseo de parar de beber, y que yo tenia derecho a la
ayuda que
AA nos presta para ayudamos a vivir sin alcohol.
Casi
inmediatamente acepté el Primer Paso y me
declaré alcohólica, lo cual me
produjo una gran sensación de alivio. También
principié a dar el resto de los
Pasos, pero secretamente excluía lo que no me interesaba
porque no creía en
Dios. La gente que creía en él, pensé,
eran seres demasiado débiles de carácter
para enfrentar la dura realidad. Utilizaría a AA para que me
devolviera el
sano juicio. Pondría mi vida al cuidado de... bueno, AA
tendría que hacer de
Poder Superior. Mi primer intento en dar un Cuarto Paso
resultó en una lista
de las fechorías cometidas durante mis borracheras
y, para mi Quinto Paso, le
recité esta lista a la madrina que raras veces
veía o llamaba, compartiendo
aquí y allá un detalle divertido para
mantener su interés. Etcétera. Fui a
muchas reuniones, pero apenas hojeé los Pasos, y por encima
de todo evité
examinar cuidadosamente mi propia alma y cualquier mención
de Dios. Mis
secretos permanecieron secretos, y continué enferma.
Finalmente,
las reuniones empezaron a irritarme. Inspeccioné
los salones y me concentré en
los pocos alcohólicos sobrios cuyas vidas me
parecían marginales y decidí que
tendría que estar loca para ir donde ellos a
pedirles ayuda. Además, tenía una
nueva pareja no-alcohólica, y ahora mi vida no era
ingobernable. A lo mejor
era un error, pensé, definirme a mí misma en
términos de una enfermedad. Enfrentarme
a los problemas sin licor ya no me parecía
difícil. Concluí que podía dejar de
asistir a las reuniones y permanecer sobria con las otras
herramientas que me
había dado AA.
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